Miércoles, 08 de Septiembre, 2010
   
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La buena madera

Corría el año 2004 cuando comencé con el deseo de conseguir un ejemplar de bonsai. Dado que en Argentina no hay muchos criaderos, emprendí la tarea de conseguir uno directamente de Japón. Un amigo que viajó a la oriental isla de Okinawa me trajo uno, al cual apodé inmediatamente Sai (naturaleza). Ahora bien, ya tenía mi ejemplar en su preciosa vasija, pero ¿cómo conseguiría cuidar aquella tan preciada miniatura? Las preguntas afloraron con el tiempo. Comencé a investigar, primeramente compré manuales y

busqué en foros de expertos cómo trabajar la tierra y abonarla; descubrí que la tarea era mucho mas compleja que eso. Me parece esencial incluir un breve comentario acerca del origen de este tipo de árbol. Bonsai es una palabra japonesa que significa literalmente bon = bandeja + sai = naturaleza (aunque etimológicamente procede del término chino penzai, que significa pén = bandeja + zai= cultivar) y consiste en el arte de cultivar árboles-plantas, reduciendo su tamaño mediante técnicas como el transplante, la poda, el alambrado, el pinzado, etc., y modelando su forma para crear un estilo que nos recuerde una escena de la naturaleza.

Me lancé a aprender cada día más de mi bonsai, de su comportamiento a los cambios de temperatura y el riego permanente, hasta llegar a convertirme casi en un experto en el tema. Un día al amanecer y pude ver que una de las ramas de mi bonsai estaba absolutamente seca. Oficié mi rutina diaria, y al sentarme a verlo detenidamente noté que había olvidado una parte esencial de su cuidado, la poda, así que empecé a extraer esa rama, luego un par de hojas por aquí otras por allá y listo, tarea terminada. Mi abuela que es muy sabia, ante mi intención de tirar esa rama seca, la plantó en una maceta que se encontraba en el patio de mi casa. Cada día al salir rumbo a mi oficina pude ver esa rama sola en esa maceta, soportando lluvias, fríos, calores, expuesta a las más diversas condiciones climáticas, y yo pensaba: “Pobre abuelita, pensar que no se da cuenta que está seca”. Mientras tanto mi bonsai se hacía cada vez más fuerte y robusto, siempre lo regaba y le indicaba como crecer mediante la poda y el alambre; así pasó el tiempo día tras día, mes tras mes, hasta que llegó la primavera, recuerdo ese momento porque las flores brotaron indescriptiblemente y junto con ellas también esa rama insignificante y seca. Escribía en mi entendimiento que no sólo no había muerto sino que quería brotar con fuerza, pues ahora sí estaba en una maceta grande, en la cual podría expandir sus raíces cómodamente y crecer como le gustase.

Mi poder de asombro se vio eclipsado cuando pude ver cómo, con el transcurrir de los días, a modo contrario de aquella pequeña rama seca, mi bonsai comenzó a desfallecer y en un acto de desesperación quise regarlo día por medio, luego opté por quitarle el alambre, luego recurrí a cambiarle la tierra por otra que estuviese mas abonada con fertilizante, hasta llegar al punto máximo de hacer un transplante del mismo y cambiarlo a una vasija mayor, pero ya era tarde. El pequeño Sai murió. Lo que me puso muy triste y me llevó a tomar la decisión de plantarlo junto a aquella rama que no cesaba de revivir, esperé por el lapso de un mes pero nada aconteció. Y entendí algo muy importante, el pequeño Sai era un bonsai Neagari, eso quiere decir que tenía las raíces expuestas, saliendo así de la vasija, comprimiéndolas y dejándolas visibles, mientras la rama “seca” pudo abastecerse del espacio necesario para crecer y hoy por hoy transformarse en un gran árbol en el patio de mi hogar.

Paradójicamente, muchos cristianos vivimos así, siendo pequeños árboles de macetas, esperando que nos rieguen, nos poden, nos alimenten, nos fertilicen y nos indiquen cómo crecer. Asumimos que si funcionó con otros, también funcionará con nosotros. Tipificamos los resultados ajenos en nuestra propia vida, esperamos que todo se dé porque así es como debe ser. En un momento de tanto riego las raíces comienzan a crecer, las ramas parecen hacerse fuertes, los colores se exacerban con furor y en ese momento es precisamente donde vienen las voces que nos indican cómo desarrollarnos, qué deberíamos hacer, las formas que deberíamos adoptar, cómo acomodarnos a nuestra maceta y lo que es más importante: cómo debemos vernos para con los demás. Grave error. Hasta que nos damos cuenta de que nos detenemos, que dejamos de crecer y nos estancamos, que las hojas marchitan y las raíces expuestas se asfixián y nos secamos, lenta y dolorosamente. Es como crecer hasta donde cierta parte de la congregación, con sus muy buenas intenciones nos permitieron, pero que sin embargo nos dejaron cuando nuestro crecimiento no se notaba. O sería también hasta donde la vasija de la religión organizada nos dejó crecer, donde la comodidad aparente es el hábitat natural. Es la clásica diferencia entre tratar de ser buenos simplemente o tratar de ser cristianos en el amplio sentido de la palabra. Mientras otros pequeños en quienes no apostábamos futuro de madera para carpintería, crecieron descomunalmente y se transformaron en árboles frondosos que abrigan pájaros en la tormenta, que dan sombra y fruto al caminante y llegan a convertirse en la buena madera que pudo haber formado el pesebre de nuestro Señor. O la buena madera que se convirtió en la balsa que transportó a Jesús en esos interminables viajes o en aquellos dos tablones que cargó hasta el Gólgota, siendo azotado para dar su vida por nosotros.

Nosotros elegimos de qué madera estamos hechos, dónde crecer y desarrollarnos, expandir raíces y afianzarnos, solamente la buena voz del señor puede indicarnos cómo hacerlo. Es muy sutil la diferencia. La rama y el bonsai tienen al mismo tiempo una similitud importante, eran árboles de exterior y no de interior. De nosotros depende salir de nuestras vasijas y no dejar que las circunstancias nos sequen e impidan echar raíces. Salmo 1:2-3 Es como el árbol plantado a la orilla de un río que, cuando llega su tiempo, da fruto y sus hojas jamás se marchitan. ¡Todo cuanto hace prospera!

Javier Murabito
Líder Juvenil, Zona Oeste

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