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Suplemento de Jóvenes
Todo empieza con el noviazgo
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| Todo empieza con el noviazgo |
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Las razones más frecuentes por las que el matrimonio fracasa son:
I.Elección equivocada
Muchas cosas podrán mejorar un matrimonio, pero ninguna sustituirá la buena elección. El matrimonio no es un reformatorio. Uno no se casa para corregir al otro. Si alguien abriga la esperanza de que su pareja deje de beber, drogarse o de golpear y agredir por el hecho de que se case, está en un problema muy serio. Por regla general, lo malo tiende a acrecentarse después de la ceremonia.
I.Elección equivocada
Muchas cosas podrán mejorar un matrimonio, pero ninguna sustituirá la buena elección. El matrimonio no es un reformatorio. Uno no se casa para corregir al otro. Si alguien abriga la esperanza de que su pareja deje de beber, drogarse o de golpear y agredir por el hecho de que se case, está en un problema muy serio. Por regla general, lo malo tiende a acrecentarse después de la ceremonia.
El secreto para un matrimonio que funciona es la similitud. Cuanto mayor sea la compatibilidad entre dos personas, mayor el grado de satisfacción. En contraposición, cuanto menos puntos en común tengan, más difícil será la convivencia. En otras palabras, deberán trabajar más para tener una relación armónica.
De todas las recomendaciones que podemos darle, hay una que es imprescindible: la compatibilidad de carácter. Se refiere a los valores fundamentales de la vida. El libro de Proverbios resalta vez tras vez la importancia de un carácter moral sano. Si usted es íntegro y la otra persona mentirosa y falsa, no habrá comunión duradera. Si usted es proactivo, diligente en su trabajo, pero su pareja perezosa, surgirán dificultades. Si usted cumple su palabra, pero su pareja rompe el pacto cada vez que tenga ganas, eso le romperá el corazón. No hablamos de distintos puntos de vista en cosas secundarias, estamos hablando de actitudes centrales que direccionan la vida.
II.Casamiento demasiado rápido
Karina cumplió 30 años. Nunca tuvo novio. Oportunidades no le faltaron, pero siempre pospuso formalizar una pareja, primero por su familia, luego por su carrera y, finalmente, por el deseo de emanciparse económicamente. Ahora, a los 30, quiere encontrar un esposo. Casarse se convirtió en una obsesión. Unos meses atrás, pasaba las noches enteras detrás de la pantalla de la computadora buscando un candidato en la Web. En uno de esos contactos, conoció a un joven que vivía en el extranjero. Comenzaron a “chatearse”. Mensaje va, mensaje viene, fueron haciéndose cada vez más íntimos a la distancia. El romanticismo brotó espontáneamente. Se hicieron promesas mutuas, anhelando el momento de encontrarse cara a cara. Con ese incentivo, ella mejoró su aspecto físico y bajó 10 kilos. Aunque sus amigas le advirtieron de los peligros de una relación ficticia (construida sólo por Internet), ellos avanzaron hasta decidir un casamiento rápido. Jamás se habían visto. Se conocían sólo a través de letras que se intercambiaban en la computadora. Un día, Karina comentó que se iba a casar con su enamorado del Chat. Tanto ella, como su “novio” habían generado expectativas irreales en el deseo de escapar de la soledad y el matrimonio parecía una idea fantástica. Todo terminó como era de esperarse. La relación murió y ella se deprimió por meses.
Hay personas que, por querer dejar atrás su soledad, sus fracasos amorosos anteriores, sus conflictos familiares o sus sentimientos de rechazo hacia una ex pareja, arriesgan su futuro.
Muchas personas que viven situaciones actuales que les provocan angustia, miran el matrimonio como un escape eficaz; sin saber que bajo esa perspectiva el casamiento no es un atajo para resolver problemas personales sino que, a poco de comenzado, se convertirá en otro problema.
Emprender un matrimonio por desesperación, es la equivocación más grande de la vida. Es un suicidio en el plano afectivo. A menos que ocurra un milagro, el estar en pareja no agregará valor a su vida, ni le otorgará aceptación social.
III.La inmadurez
La Biblia guarda silencio acerca de la edad para casarse, así como de la diferencia de años que debe existir entre los esposos. El hecho corriente de que el hombre sea mayor que la mujer parece deberse a un mandato cultural más que a un factor biológico, dado que la longevidad femenina es mayor que la masculina.
Formar una pareja y constituir una nueva familia, no es cuestión de edad sino de madurez. Hay personas de 40 años que no han podido cortar los lazos emocionales con sus padres; y hay jóvenes de tan sólo 20, que ya están listos para afrontar un compromiso tan importante como puede ser el casamiento.
IV.No conocerse lo suficiente
Rubén y Sandra se conocieron en Buenos Aires mientras él ocupaba un puesto jerárquico en una empresa multinacional. Salieron por algunas semanas hasta que él fue trasladado al interior. Sandra continuó cursando sus últimos meses de la escuela secundaria. Se escribieron innumerables cartas y se vieron varias veces en ese año. En las vacaciones, Sandra lo visitó en su ciudad, estuvieron juntos de nuevo e hicieron planes para casarse. Ambos estaban persuadidos de que se conocían lo suficiente y que no había por qué esperar. Rubén descansaba en el hecho de que ella era una chica espiritual y activa en su iglesia. Sandra confiaba en sus sentimientos amorosos hacia él. Estaba impactada. Rubén llenaba sus expectativas, era su ideal. Flotaba en un éxtasis profundo. Estaba ciegamente enamorada. La ceremonia fue bellísima y aunque parecía una historia de la realeza, de nada sirvió para mantenerlos juntos. No superaron la prueba del tiempo. Se esfumó el enamoramiento inicial y todo acabó. El final de esta historia fue demasiado previsible: a pocos meses de casados, ella lo abandonó por otro hombre del cual decía estar enamorada.
Noviazgos a la distancia; visitas esporádicas; decisiones apresuradas. Una combinación explosiva para el fracaso. Estar enamorado no es suficiente. Usted debe conocer bien a la persona con la que desea compartir su futuro. No emplee su noviazgo sólo para preparar los detalles de la boda. Use el tiempo sabiamente. La Biblia nos alerta a no equivocarnos a la hora de elegir la pareja. Dios no quiere que nuestros años se consuman en dolor y sufrimiento. Todo esto se evitará si toma tiempo suficiente para descubrir cómo es la persona con la que piensa casarse. Comprometerse sin haber compartido experiencias de vida juntos, sin haber enfrentado conflictos o situaciones difíciles, sin estar al tanto de los anhelos vocacionales de la pareja y de sus proyectos para el futuro, sin observar cómo se relaciona y cómo reacciona, es una buena fórmula sólo para el desastre.
V.Falta de preparación
Es más sencillo contraer matrimonio que ser recolector de residuos. Para ser basurero hay que tomar un cursillo de dos semanas, mientras que los enamorados no toman tiempo para aprender lo que implica el matrimonio. Lea algún libro con su pareja. Converse con él o ella acerca del futuro, de qué tipo de matrimonio desean, cómo lidiarán con los problemas, manejarán las finanzas o como buscarán soluciones cuando no logren llegar a un acuerdo. Oren juntos, busquen la dirección de Dios y el consejo de personas maduras. No desperdicien las observaciones de los que ven de cerca la relación: padres y amigos. No se muevan únicamente por la emoción, también usen el sentido común.
De todas las recomendaciones que podemos darle, hay una que es imprescindible: la compatibilidad de carácter. Se refiere a los valores fundamentales de la vida. El libro de Proverbios resalta vez tras vez la importancia de un carácter moral sano. Si usted es íntegro y la otra persona mentirosa y falsa, no habrá comunión duradera. Si usted es proactivo, diligente en su trabajo, pero su pareja perezosa, surgirán dificultades. Si usted cumple su palabra, pero su pareja rompe el pacto cada vez que tenga ganas, eso le romperá el corazón. No hablamos de distintos puntos de vista en cosas secundarias, estamos hablando de actitudes centrales que direccionan la vida.
II.Casamiento demasiado rápido
Karina cumplió 30 años. Nunca tuvo novio. Oportunidades no le faltaron, pero siempre pospuso formalizar una pareja, primero por su familia, luego por su carrera y, finalmente, por el deseo de emanciparse económicamente. Ahora, a los 30, quiere encontrar un esposo. Casarse se convirtió en una obsesión. Unos meses atrás, pasaba las noches enteras detrás de la pantalla de la computadora buscando un candidato en la Web. En uno de esos contactos, conoció a un joven que vivía en el extranjero. Comenzaron a “chatearse”. Mensaje va, mensaje viene, fueron haciéndose cada vez más íntimos a la distancia. El romanticismo brotó espontáneamente. Se hicieron promesas mutuas, anhelando el momento de encontrarse cara a cara. Con ese incentivo, ella mejoró su aspecto físico y bajó 10 kilos. Aunque sus amigas le advirtieron de los peligros de una relación ficticia (construida sólo por Internet), ellos avanzaron hasta decidir un casamiento rápido. Jamás se habían visto. Se conocían sólo a través de letras que se intercambiaban en la computadora. Un día, Karina comentó que se iba a casar con su enamorado del Chat. Tanto ella, como su “novio” habían generado expectativas irreales en el deseo de escapar de la soledad y el matrimonio parecía una idea fantástica. Todo terminó como era de esperarse. La relación murió y ella se deprimió por meses.
Hay personas que, por querer dejar atrás su soledad, sus fracasos amorosos anteriores, sus conflictos familiares o sus sentimientos de rechazo hacia una ex pareja, arriesgan su futuro.
Muchas personas que viven situaciones actuales que les provocan angustia, miran el matrimonio como un escape eficaz; sin saber que bajo esa perspectiva el casamiento no es un atajo para resolver problemas personales sino que, a poco de comenzado, se convertirá en otro problema.
Emprender un matrimonio por desesperación, es la equivocación más grande de la vida. Es un suicidio en el plano afectivo. A menos que ocurra un milagro, el estar en pareja no agregará valor a su vida, ni le otorgará aceptación social.
III.La inmadurez
La Biblia guarda silencio acerca de la edad para casarse, así como de la diferencia de años que debe existir entre los esposos. El hecho corriente de que el hombre sea mayor que la mujer parece deberse a un mandato cultural más que a un factor biológico, dado que la longevidad femenina es mayor que la masculina.
Formar una pareja y constituir una nueva familia, no es cuestión de edad sino de madurez. Hay personas de 40 años que no han podido cortar los lazos emocionales con sus padres; y hay jóvenes de tan sólo 20, que ya están listos para afrontar un compromiso tan importante como puede ser el casamiento.
IV.No conocerse lo suficiente
Rubén y Sandra se conocieron en Buenos Aires mientras él ocupaba un puesto jerárquico en una empresa multinacional. Salieron por algunas semanas hasta que él fue trasladado al interior. Sandra continuó cursando sus últimos meses de la escuela secundaria. Se escribieron innumerables cartas y se vieron varias veces en ese año. En las vacaciones, Sandra lo visitó en su ciudad, estuvieron juntos de nuevo e hicieron planes para casarse. Ambos estaban persuadidos de que se conocían lo suficiente y que no había por qué esperar. Rubén descansaba en el hecho de que ella era una chica espiritual y activa en su iglesia. Sandra confiaba en sus sentimientos amorosos hacia él. Estaba impactada. Rubén llenaba sus expectativas, era su ideal. Flotaba en un éxtasis profundo. Estaba ciegamente enamorada. La ceremonia fue bellísima y aunque parecía una historia de la realeza, de nada sirvió para mantenerlos juntos. No superaron la prueba del tiempo. Se esfumó el enamoramiento inicial y todo acabó. El final de esta historia fue demasiado previsible: a pocos meses de casados, ella lo abandonó por otro hombre del cual decía estar enamorada.
Noviazgos a la distancia; visitas esporádicas; decisiones apresuradas. Una combinación explosiva para el fracaso. Estar enamorado no es suficiente. Usted debe conocer bien a la persona con la que desea compartir su futuro. No emplee su noviazgo sólo para preparar los detalles de la boda. Use el tiempo sabiamente. La Biblia nos alerta a no equivocarnos a la hora de elegir la pareja. Dios no quiere que nuestros años se consuman en dolor y sufrimiento. Todo esto se evitará si toma tiempo suficiente para descubrir cómo es la persona con la que piensa casarse. Comprometerse sin haber compartido experiencias de vida juntos, sin haber enfrentado conflictos o situaciones difíciles, sin estar al tanto de los anhelos vocacionales de la pareja y de sus proyectos para el futuro, sin observar cómo se relaciona y cómo reacciona, es una buena fórmula sólo para el desastre.
V.Falta de preparación
Es más sencillo contraer matrimonio que ser recolector de residuos. Para ser basurero hay que tomar un cursillo de dos semanas, mientras que los enamorados no toman tiempo para aprender lo que implica el matrimonio. Lea algún libro con su pareja. Converse con él o ella acerca del futuro, de qué tipo de matrimonio desean, cómo lidiarán con los problemas, manejarán las finanzas o como buscarán soluciones cuando no logren llegar a un acuerdo. Oren juntos, busquen la dirección de Dios y el consejo de personas maduras. No desperdicien las observaciones de los que ven de cerca la relación: padres y amigos. No se muevan únicamente por la emoción, también usen el sentido común.
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