Miércoles, 08 de Septiembre, 2010
   
Tamaño del texto

Buscar artículos

Anuncio

Misionología contemporánea

Para todo cristiano los tiempos se han complicado mucho, parecería que estamos en vísperas de lo que se dice llamar “El Fin”.En estos momentos difíciles, no hay suficiente tiempo para realizar una tranquila preparación teórica en cuanto a lo ministerial se refiere. Ese loable tiempo de preparación disminuye y el mayor tiempo lo lleva el ejercicio de la práctica.

Es sumamente necesario que junto con la preparación teórica también se ejerza la pragmática en lo ministerial. Ya “no hay tiempo” para sólo encerrarse en algún lugar académico-institucional a preparase varios años para después estar “listos” y salir al campo de batalla.

Esto lo digo para que la práctica y la teoría vayan de la mano desde el inicio y porque se ve entre los creyentes una tendencia a la superespecialización teológica que no termina “nunca” (bachilleratos, licenciaturas, doctorados, y etc.), y con esto se corre el riesgo de anestesiar el fuego del servicio, a tal punto que terminamos obteniendo sólo conocimiento, pero el amor, la piedad, la humildad, la práctica del evangelio, son escasas. (¡Ay de nosotros!)

En la Misionología, si bien no es lo mismo, sucede algo parecido. Se insta a enviar misioneros a distintas partes del mundo no evangelizado (algo muy necesario), pero aquí existe el riesgo de que sea con el enfoque misionológico cerrado: pensar que misionar es sólo y únicamente trabajar en otro país distinto al nuestro. Como si el mundo no estuviera globalizado...

Debido a la urgencia y necesidad de estos tiempos, no podemos optar por esperar para ir a otra nación a misionar. Por tener esa ideología (no mala, pero inadecuada si es tomada como única opción) de que ser misionero es ir a otra nación, podemos descuidar misionar evangelizando a los extranjeros que nos rodean. De lo que hablo en síntesis es de un nuevo tipo de misiones, la acorde a la necesidad de estos tiempos actuales.

Desde la Antigüedad, por enseñanza bíblica (Salmos 2:8), muchos han pedido a Dios: “Señor, dame las naciones”. Pero a simple vista vemos que Dios ha respondido a muy pocos, ya que sólo algunos han fructificado en sus ministerios a las naciones.

Pero, ¿será así de cierto que Dios ha respondido a pocos nada más? Yo creo que no.

Pienso, y estoy convencido de ello, de que Dios ha respondido a todos. Si nos detenemos a reflexionar en esto, llegamos a la conclusión de que al mirar a nuestro alrededor no vemos únicamente occidentales. En toda Latinoamérica hay extranjeros que, de alguna manera, representan naciones. Pedías naciones, pues allí las tienes.

Algo más que señalar al respecto. Pongan atención: esos “algunos” que mencionaba antes, han tenido que viajar (sacrificar varias cosas) para poder obtener las naciones; en cambio, a nosotros Dios nos ha traído las naciones a nuestro vecindario. ¡Que benditos somos!

El rey Salomón, al dedicar el primer templo a Jehová, luego de abogar en oración por su pueblo Israel, no se olvidó del extranjero en su ruego, sino que lo tuvo muy en cuenta, y, reconociendo que fue Jehová quien los trajo al país con su mano poderosa, también los incluyó en tener ellos respuesta si clamaren a Dios (2 Crónicas 6:32). Pero ¡cómo clamarán si nadie les predica! ¿No somos nosotros, los hijos de Dios, quienes les tendríamos que predicar? O acaso Jesús dijo: “Ángeles (¡cuánto quisieran ellos!), vayan y prediquen el evangelio a toda criatura; sanen a los quebrantados de corazón, liberten a los cautivos por el diablo”.

Nos gusta mucho lo que los extranjeros radicados en la Argentina nos ofrecen; nos alegra encontrar comestibles baratos en las verdulerías bolivianas, no alivia el hallar alimento económico en los supermercados chinos, nos facilita poder obtener artefactos accesibles traídos de Taiwán, etc. Pero nosotros no les estamos ofreciendo nuestro mayor tesoro: “El Evangelio de Jesucristo”. Ustedes saben que ellos lo necesitan, que sin decirlo claman poder obtener ese alimento de vida eterna que tenemos nosotros, los hijos de Dios.

La misionología contemporánea no consiste, para poner un ejemplo, en ir hasta Asia a misionar (el que pueda, que lo haga), ya que muchos no tienen los recursos (ni las energías) para ser un misionero allá lejos, donde sale el Sol. Podemos ser misionero en nuestro mismo lugar de vida cotidiana. ¡Qué tremendo! La facilidad que nos ha dado Dios…

Mi oración es que cada uno de nosotros “adoptemos” una familia extranjera; nos acerquemos a ellos previa oración, y luego ver cómo se manifiesta el poder del Espíritu Santo. Porque “el Señor no quiere que nadie perezca” (2 Pedro 3:9).

PABLO LIU

 

Portada

Anuncio

El Clima

61°
16°
°F | °C
Despejado
Humedad: 88%
mié

81 | 91
13 | 19
jue

84 | 102
15 | 25
vie

82 | 95
14 | 21
sáb

72 | 88
8 | 17

Notas Recientes

  • 1
  • 2
  • 3
  • 4

Encuesta del mes

¿Cuánto lees por semana la biblia?